En la actualidad, la salud mental ha dejado de ser únicamente un estado de bienestar emocional para convertirse en un activo estratégico. Bajo el concepto de Riqueza Cerebral (Brain Wealth), una nueva tendencia global propone gestionar las capacidades cognitivas con la misma disciplina con la que se administra un portafolio financiero. Este enfoque no busca solo prevenir enfermedades, sino maximizar el rendimiento intelectual y asegurar la longevidad del cerebro.

El pilar de esta revolución es el biohacking. Cada vez más personas recurren al uso de nootrópicos —suplementos diseñados para mejorar funciones como la memoria y la creatividad— y a dispositivos de monitorización neurotecnológica. Estos aparatos miden la actividad cerebral en tiempo real, permitiendo a los usuarios ajustar sus hábitos para mejorar la concentración y reducir el estrés.
Asimismo, las aplicaciones de entrenamiento cognitivo avanzado han ganado terreno, ofreciendo ejercicios personalizados que desafían la plasticidad cerebral. Expertos coinciden en que la prevención del declive cognitivo debe iniciar en edades tempranas, tratando al cerebro como un músculo que requiere nutrición específica y estímulo constante. En un mundo altamente competitivo, la verdadera riqueza reside en la agilidad y claridad de nuestra mente.
