Durante años, teorías populares sugerían que superar una ruptura tomaba la mitad del tiempo que duró la relación. Sin embargo, la ciencia ha desmentido esta regla matemática. Investigaciones recientes lideradas por Jia Y. Chong y R. Chris Fraley, de la Universidad de Illinois, revelan que el proceso de desapego es mucho más prolongado y complejo de lo que imaginábamos.

El estudio, realizado con adultos que mantuvieron relaciones de al menos dos años, determinó que el cerebro tarda, en promedio, 4.18 años en reclasificar a una expareja como alguien que simplemente “pertenece al pasado”. Más sorprendente aún es que la disolución total del lazo emocional puede extenderse hasta los ocho años.
Desde la neurociencia, el Dr. Alejandro Andersson explica que el cerebro crea “mapas predictivos” donde la pareja actúa como un regulador de estrés y recompensa. Al terminar, áreas como el hipocampo y la amígdala mantienen activa la huella emocional. El factor que más retrasa este olvido es mantener contacto, pues impide que el cerebro actualice la identidad personal sin la otra persona, dejando el vínculo en un estado de espera inconsciente.
