Despertar con la sensación de no haber descansado es una queja recurrente en la sociedad actual. La higiene del sueño no se trata solo de dormir ocho horas, sino de la calidad de ese descanso. Según especialistas en medicina del sueño, nuestro cuerpo necesita una transición gradual hacia el estado de reposo para que los ciclos biológicos se cumplan correctamente.

El primer paso fundamental es la regularidad horaria. Mantener una hora fija para acostarse y levantarse, incluso los fines de semana, ayuda a sincronizar el reloj circadiano. Asimismo, el entorno juega un papel crucial: la habitación debe estar oscura, silenciosa y con una temperatura fresca. La exposición a la luz azul de dispositivos móviles antes de dormir es uno de los mayores enemigos, ya que inhibe la producción de melatonina, la hormona responsable del sueño.
Otro factor determinante es la alimentación. Consumir cenas pesadas o bebidas estimulantes como el café y ciertos tés al final del día altera el sistema nervioso. En su lugar, se recomienda una rutina de relajación que incluya lectura en papel o meditación. Implementar estos cambios no solo elimina el cansancio matutino, sino que reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares y mejora el estado de ánimo y la concentración.
