La tendencia Therian —personas que se identifican profunda y espiritualmente con animales— ha saltado de las redes sociales al diván de los especialistas. Más allá de las máscaras de lobos o los movimientos felinos en TikTok, surge una duda real: ¿cómo sobrevive un vínculo romántico cuando uno de los dos no se siente totalmente humano?
Para la psicóloga clínica y sexóloga guatemalteca Yosahandi, el éxito de estas relaciones no depende de la identidad animal, sino de la arquitectura de la comunicación. La experta plantea un escenario de dos caras:
- El lado positivo: Si la persona traslada valores como la lealtad o la fidelidad de su “animal interior” (como un lobo o un perro) al compromiso humano, la relación puede verse fortalecida por estos pilares simbólicos.
- El desafío: El riesgo surge cuando la pareja percibe esta conducta como una señal de inmadurez o falta de seriedad, lo que puede erosionar la confianza y el respeto mutuo.
“El conflicto no es la identidad, es la claridad”, subraya Yosahandi. La especialista advierte que, antes de presentar esta faceta a un compañero, es vital un trabajo de autoconocimiento para evitar confusiones. En el terreno de la intimidad, la clave es la responsabilidad afectiva: diferenciar claramente entre la identidad espiritual, las fantasías y las preferencias sexuales, siempre bajo el marco del consenso.
Al final del día, ya sea que te identifiques como un jaguar o un humano, las reglas del amor siguen siendo las mismas: honestidad y madurez.
