La edición más reciente del Super Bowl ha marcado un hito en la historia del entretenimiento. Bad Bunny, el máximo exponente del género urbano, paralizó al mundo con una presentación que trascendió la música para convertirse en una poderosa declaración cultural. La puesta en escena inició con una atmósfera cargada de nostalgia, donde el puertorriqueño apareció en un campo de caña de azúcar rodeado de cortadores, una referencia directa a las raíces agrícolas y la resiliencia del Caribe.

El despliegue visual incluyó recreaciones de ventas callejeras y la emblemática “casita rosada”, elementos que transportaron a millones de espectadores al corazón de Puerto Rico. La energía alcanzó su punto máximo cuando el artista rindió homenaje a los pioneros del reguetón, interpretando clásicos como Gasolina y Dale Don Dale. La sorpresa de la noche fue la colaboración con Lady Gaga, cuya presencia añadió una dimensión de espectáculo global a la velada.
Para el cierre, Bad Bunny interpretó su éxito DTMF mientras ondeaba las banderas de los países americanos. Con un mensaje de unidad, el artista mencionó a cada nación, reafirmando el impacto y la relevancia de la cultura latina en el escenario internacional. Este show no solo fue un éxito de audiencia, sino un momento de orgullo para la comunidad hispana.
