El Día de San Valentín se ha consolidado como una de las fechas con mayor presión social para el intercambio de obsequios. Sin embargo, lo que debería ser un gesto de afecto puede convertirse en un motivo de tensión. Según encuestas de portales especializados y análisis de comportamiento del consumidor, existe una lista clara de objetos que, lejos de enamorar, generan incomodidad o decepción.
En primer lugar, los electrodomésticos y artículos de limpieza encabezan la lista de los “prohibidos”. Estudios sugieren que regalar una freidora de aire o una aspiradora envía un mensaje equivocado: se asocia a la pareja con las tareas del hogar en lugar de resaltar el vínculo sentimental. La psicología del regalo indica que, en fechas románticas, el obsequio debe evocar placer y no utilidad doméstica.

Otro error frecuente es la ropa de talla incorrecta. Datos de plataformas de bienestar señalan que recibir una prenda pequeña puede afectar la autoestima de la mujer, mientras que una muy grande denota falta de atención al detalle. Asimismo, los artículos de higiene personal o de “mejora física”, como básculas, suscripciones al gimnasio no solicitadas o cremas anticelulíticas, son percibidos como críticas indirectas hacia la apariencia física.

Finalmente, los regalos genéricos de última hora, como rosas de plástico o peluches de baja calidad comprados en gasolineras, demuestran falta de planificación. Un sondeo de LendingTree destaca que el 25% de las personas consideraría terminar una relación tras un regalo excepcionalmente malo o desconsiderado. La clave, según los expertos, reside en la personalización y la escucha activa.
