El origen de los lémures en Madagascar es uno de los capítulos más fascinantes de la biología evolutiva. A diferencia de lo que se podría pensar, estos primates no se encontraban en la isla cuando esta se separó del continente africano hace unos 160 millones de años. La evidencia científica, respaldada por estudios genéticos y registros fósiles, indica que los ancestros de los lémures llegaron a Madagascar mucho después, hace aproximadamente 40 a 50 millones de años.

Dado que Madagascar ya era una isla separada por el Canal de Mozambique (una franja de agua de más de 400 kilómetros), la teoría más aceptada por la comunidad científica es la de la “colonización por dispersión transoceánica”. Se cree que pequeños grupos de primates ancestrales cruzaron el océano desde África sobre “balsas” de vegetación natural, como troncos o islas flotantes de plantas, arrastradas por fuertes corrientes marinas y tormentas.
Una vez en la isla, al no encontrar grandes depredadores ni competidores, los lémures experimentaron una radiación adaptativa sin precedentes. Esto les permitió evolucionar en más de 100 especies distintas, desde el diminuto lémur ratón hasta el emblemático lémur de cola anillada. Hoy en día, los lémures son estrictamente endémicos de Madagascar; no existen de forma natural en ningún otro lugar del planeta, lo que convierte a la isla en un santuario evolutivo de valor incalculable para la humanidad.
