Cada 6 de enero, millones de familias se reúnen para celebrar el Día de los Reyes Magos, una festividad que marca la culminación de las celebraciones navideñas. Esta fecha conmemora la Epifanía, palabra de origen griego que significa “manifestación”, haciendo referencia al momento en que los sabios de Oriente —Melchor, Gaspar y Baltasar— conocieron al Niño Jesús en Belén para ofrecerle oro, incienso y mirra.

La tradición de la Rosca de Reyes tiene sus raíces en la Europa de la Edad Media, principalmente en Francia y España. Originalmente, este pan surgió de celebraciones paganas romanas dedicadas al dios Saturno, donde se escondía un haba dentro de un pan redondo; quien la encontraba era nombrado “rey” por un día. Con el tiempo, el cristianismo adoptó esta costumbre, otorgándole un sentido religioso y convirtiéndola en el símbolo que conocemos hoy.
Cada elemento de la rosca posee un significado profundo:
- Forma ovalada: Representa el círculo infinito del amor de Dios, que no tiene principio ni fin.
- Frutos cristalizados: Simbolizan las joyas incrustadas en las coronas de los Reyes Magos, enviando mensajes de paz, amor y esperanza.
- El muñeco escondido: Alude al momento en que María y José ocultaron a Jesús para protegerlo de la persecución del rey Herodes.
En países como México, la tradición dicta que quien encuentra la figura en su rebanada se convierte en el “padrino” del Niño Jesús y debe invitar los tamales el 2 de febrero, durante el Día de la Candelaria.
