Gran parte de esa tensión proviene de Nina, el personaje de Amanda Seyfried, quien domina la historia con una personalidad volátil y extrema. Su interpretación construye una figura perturbadora, capaz de alterar el ritmo de cada escena y llevar la narrativa a un terreno impredecible. En esa intensidad desmedida —que oscila entre lo inquietante y lo absurdo— la película encuentra su mayor fuerza, indica La Estatuilla.
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