En la era de la hiperconectividad, el cansancio digital se ha convertido en una afección común que impacta directamente en nuestra salud física y mental. Pasar largas horas frente a las pantallas no solo agota la vista, sino que eleva los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Para contrarrestar estos efectos, los expertos en medicina del estilo de vida recomiendan periodos de “desconexión total”.
El primer plan consiste en la inmersión en la naturaleza o “baños de bosque”. Está comprobado científicamente que caminar en entornos verdes reduce la presión arterial y mejora el estado de ánimo. Un paseo por un parque local, sin el teléfono móvil, permite que el cerebro descanse de la estimulación constante de las notificaciones.

Como segunda opción, se sugiere retomar el contacto con el arte analógico. Leer un libro en papel, pintar o cocinar una receta nueva fomenta la concentración profunda, un estado cognitivo que perdemos al saltar de una aplicación a otra. Estas actividades activan áreas del cerebro relacionadas con la creatividad y la satisfacción personal.

Finalmente, el encuentro social presencial es fundamental. El ser humano es sociable por naturaleza y la interacción cara a cara libera oxitocina, lo que fortalece los vínculos afectivos y combate la sensación de aislamiento que a veces producen las redes sociales. Dedicar este fin de semana a una charla sin dispositivos de por medio es la inversión más efectiva para renovar nuestra energía vital.

