En un mundo obsesionado con la productividad, el concepto neerlandés de Niksen surge como una respuesta necesaria al estrés moderno. A diferencia del mindfulness, que requiere atención plena, o la meditación, que busca el control del pensamiento, el Niksen se define literalmente como “no hacer nada”. No se trata de ver una serie o revisar redes sociales; consiste en permitir que la mente divague sin un propósito específico, como mirar por la ventana o simplemente sentarse en silencio.

Investigaciones en el campo de la salud mental sugieren que esta práctica reduce la ansiedad y previene el síndrome de burnout. Al liberar al cerebro de la presión de obtener resultados, se activa la “red neuronal por defecto”, un estado en el que la mente procesa información de forma libre. Esto no solo mejora el estado de ánimo, sino que, paradójicamente, potencia la creatividad y la resolución de problemas.

Integrar el Niksen en la rutina diaria no requiere de equipo especial ni de mucho tiempo; basta con permitirse breves pausas de inactividad total. En una sociedad que castiga el ocio, recuperar el derecho a la pausa es un acto de salud esencial. Practicarlo es admitir que, para ser realmente eficientes, primero debemos aprender a detenernos.
