Contrario a la creencia popular, el minimalismo no consiste en vivir en espacios vacíos y blancos, sino en el minimalismo práctico: la decisión consciente de rodearse únicamente de objetos que aportan valor o utilidad real. Este enfoque busca eliminar el “ruido visual” para reducir el estrés y facilitar la limpieza, permitiendo que el hogar sea un refugio y no una fuente de tareas pendientes.

Para iniciar este cambio sin abrumarse, el primer paso es la clasificación por categorías. En lugar de ordenar habitaciones enteras, enfoque su atención en grupos específicos como ropa, libros o utensilios de cocina. Al reunir todos los objetos de una misma clase en un solo lugar, se hace evidente la duplicidad y el exceso, facilitando la toma de decisiones basada en la frecuencia de uso.
Un método eficaz para aplicar este concepto es la regla de los 90 días: si no ha utilizado un objeto en los últimos tres meses y no prevé usarlo en los próximos tres, es probable que no lo necesite. Comience con espacios pequeños, como un cajón o la superficie de un mueble, para experimentar una satisfacción inmediata. Al elegir “lo mejor” y descartar lo sobrante mediante la donación o el reciclaje, el hogar se transforma en un ambiente equilibrado que prioriza la funcionalidad sobre la acumulación.
Origen del Minimalismo Practico
El concepto de minimalismo práctico (o funcional) no nació de un solo “estallido”, sino que fue la evolución lógica de varias corrientes que chocaron a finales del siglo XX y principios del XXI.
Si bien el minimalismo artístico surgió en los años 60, la moda en el hogar centrada en la practicidad se consolidó principalmente entre finales de los años 90 y principios de los 2000.
Antes de ser una forma de organizar la casa, fue un movimiento artístico y arquitectónico bajo el lema “Less is more” (Menos es más) de Ludwig Mies van der Rohe. Sin embargo, este minimalismo original era a menudo frío, costoso y poco habitable.
En los 90, la saturación del consumismo de la década anterior provocó una reacción. La gente empezó a buscar espacios más despejados, pero que no parecieran museos vacíos.
